Refutando Sueños... ENSAYO
Mucho antes de la era de los grandes viajes de descubrimientos, hubieron intrépidos navegantes en los mares. Chinos, árabes, polinesios y vikingos viajaron más allá de sus costas a pesar de que su campo de actividad era bastante limitado, debido a que en esa época poco se conocía acerca de libros de viaje y cartas de navegación. Fue recién en siglo XVI cuando a los europeos les picó la duda por revelar lo que se encontraba más allá del horizonte. En esos tiempos, cuando arrojarse a recorrer el mundo era prácticamente un suicidio, cualquier hombre que agarrara una pequeña embarcación y se lanzara a encontrar la cabeza de la tortuga (o elefante, como se prefiera) que sostiene al mundo, era considerado un héroe cuya hazaña quedaría en la memoria universal regresara o no con vida, sólo validando el intento. Como el caso de Magallanes, quien en 1.519 emprendió la primera vuelta al mundo con 265 hombres valerosos, de los cuales sólo 18 regresaron con vida en un casco derruido. Magallanes mismo consideró que “esa odisea fue quizás la más extraordinaria en la historia de la humanidad”. Obviamente, todavía faltaba mucha agua por correr debajo del puente de lo desconocido.
En la actualidad, cualquier inútil que posee, ya no la fuerza ni la valentía, sino más bien los recursos económicos necesarios, puede llegar a cualquier parte sin siquiera despeinarse o ensuciarse las manos. Las innovaciones tecnológicas en materia de aeronáutica y locomoción han acabado con las penurias propias de los viajes antiguos. Hoy los aviones vuelan sobre cualquier riesgo y los cruceros ofrecen comodidades como las de cualquier hotel en tierra. Actualmente las grandes empresas turísticas restan a sus usuarios hasta la menos perspectiva de gloria, brindando todo el confort posible en bandeja de plata. Puede decirse que el progreso y el sistema capitalista llegaron más lejos de lo que se cree. No sólo trajeron las consecuencias sociales, políticas y económicas ya conocidas, sino que, profundizando un poco más, también acabaron con las hazañas y sueños de horizontes desconocidos.
Con la modernidad se perdieron las características esenciales del viaje como forma de conocimiento que comprometía la propia existencia y la revolucionaba; por algo, antiguamente, Occidente llegó a definirse como una entidad en oposición a las realidades ajenas (distantes en el espacio y el tiempo) que perdura hasta hoy. Edward Said, en “Orientalismo” nos da un claro ejemplo de ésto. Definiendo esta forma de posicionarse como una “escuela de interpretación” cuyo material es el “Otro”, sus civilizaciones, sus pueblos, sus regiones, su cultura, todo el “Otro”, creando prejuicios y deseos de dominación.
“Jorge Carvalho sugiere acertadamente que el viaje es a la vez interno y externo. En su faceta interna conlleva una dimensión verdaderamente crítica pues desestabiliza las propias categorías y compromete la integridad corporal. En su aspecto externo implica la descripción minuciosa y detallada donde los rastros de la subjetividad son omitidos. Esta distinción se traduce en la aparición de géneros narrativos diferentes y modalidades contrarias de concebir el viaje” (Guillermo Wilde. Doctor en antropología social de la U.B.A.). La característica, y en gran medida el mayor atractivo de esta literatura de viajes, es su mezcla de la narración personal con la descripción minuciosa. Los relatos se caracterizan por una capacidad de “asombro” ante la diferencia. Ésto puede verse en “La primera vuelta al mundo” de Pigaffetta que, si bien se sabe que él no participó en la expedición, para nada le impidió relatar minuciosamente lo que sucedió en la travesía; contando, no sólo las coordenadas geográficas sino también describiendo de manera detallada todas las “extrañas” criaturas con las que se iban tropezando los navegantes.
En la medida en que avanzó la formalización de un discurso positivo de la realidad, se fue perdiendo esa capacidad de “asombro”. La paulatina imposición de modelos naturalistas produjo una racionalización a través de la comparación, clasificación y distanciamiento. “Lo repetitivo y lo repetido”, escribió Esteban Krotz, se transformaron en lo verdaderamente importante mientras que “lo único y lo incomparable” entraron más bien en el terreno de la anécdota curiosa. (Anotemos, otro punto para la modernidad)
La prontitud con la que se efectúan los traslados de hoy y la supresión de peligros e inquietudes han generado en las personas una especie de nerviosismo, conforme al cual todo el mundo se cree con derecho a alcanzar las metas que se propone de manera inmediata y sin el menor esfuerzo. Incluso en el tema que nos compete. Muchos creen que el placer de viajar además de entretenimiento o descanso también es la vía directa al saber. Alegan que conocer ciertos lugares da el status preciso para conversar de determinados temas y poseer la bandera de la razón. Por ejemplo, clásico es el argumento de “…me vas a decir a mi que visité tal o cual lugar…”. Aunque este saber puede resultar relativo. Ya no hace falta transportarse hasta lugares exóticos para utilizar este argumento, sólo basta con entrar en cualquier buscador de Internet para que aparezca información detallada acerca de cada lugar. Otra vez la santa impaciencia de esta época rechaza el placer del descubrimiento personal y directo para caer en la trivialidad de la tecnología. Ya ni siquiera hace falta perder tiempo en trasladarse hacia otro lugar del planeta, sólo sentarse en una máquina y esperar a que un aluvión de información y fotos nos invadan.
Me gustaría incluir un asunto más. Si bien es cierto que los nuevos tiempos rompieron esquemas fuertemente estructurados, como que la Tierra era plana y la vida le costó a Galileo esta afirmación, hay que recordar que la historia no se detiene nunca y siempre hay tiempos nuevos e inesperados por venir. Por eso hay que destacar que aunque en los tiempos que corren ya no queda nada más que descubrir en este mundo, podemos salir a explorar “Otros” mundos (con todo lo que significa la palabra “Otros”). Los astronautas son los temerarios viajeros de la actualidad, que cruzan la atmósfera para encontrar amiguitos verdes que quizás y con mucha suerte les revelen los secretos del universo, y tal vez, por qué no dominarlos ¿Qué nos deparará el futuro cuando, dentro de 200 años, hayan colectivos directos a la luna? ¿Quiénes serán los valerosos osados en estos tiempos que llegarán? Sea como sea, siempre se trató y se trata de descubrir nuevos mundos.
sábado, 30 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario