A ORILLAS DEL MUNDO

"A orillas del mundo es un espacio donde la imaginación debe fluir... Esta compuesto por escritos que escribí en diferentes etapas de mi vida y por aquellos que de alguna manera me marcaron emosionalmente..."

Espero que lo disfruten...

Bienvenidos a otro mundo




sábado, 30 de enero de 2010

BAMBAN Y SU VICTIROA

Bamban y su Victoria

Cuanto más en la loma del quinoto y en los años del ñaupa, existe el héroe de la Patria más fuerte, más emocionante es su relato.
Ésta es la historian de Bamban, un pastor que arriaba sus ovejas cerca de Ítaca City. Era un hombre tranquilo, que vivía feliz con su mujer Manuela y en total paz con la comunidad campesina del lugar.
Todo iba viento en popa hasta que su mujer quedó embarazada. Llena de antojos y con los nervios de punta lo estaba volviendo loco.
Un día el pastor estaba arriando sus ovejas por la ladera de la montaña y dada la desesperación de que ya debía volver a su hogar y soportar a tal imbancable bruja, se distrajo y perdió una. Salió a buscarla inmediatamente y la encontró cerca de una gruta. El sonido del agua cayendo lo hipnotizó, se dirigió hasta allí y encontró a tres hermosas mujeres bañándose en la pequeña cascada. Una rubia de un metro ochenta más o menos lo invitó a acercarse. Bamban no podía creer tantas bellezas, más comparándolas con el proyecto de mujer que lo esperaba en su casa.
- Te daremos todo lo que quieras- dijeron las tres en coro. – Soy Afrodita y te daré al amor de tu vida- dijo la rubia antes mencionada. – Soy Hera y te daré todas las riquezas del mundo- dijo una morocha. – Y yo soy Atenea y te daré sabiduría- dijo la última asomándose por detrás. – Pero elijas lo que elijas, ésto te traerá una desgracia, ocurrirá una guerra terrible Paris- dijeron otra vez en coro. – ¿Paris? Yo no soy Paris, soy Bamban- dijo el campesino extrañado. – Ésto fue un terrible error, olvídate de todo- dijeron las tres espantadas y desaparecieron.
El pastor agarró su oveja y corrió junto al rebaño. No podía dejar de pensar en esas bellezas y en la oportunidad que se perdió. Pero no todo estaba perdido para él, recordó que las mujeres mencionaron que habría una gran guerra, era la excusa perfecta para desaparecer de su casa por lo menos los meses que durase el embarazo. Después de todo prefería el calor de la guerra antes que los alaridos de su mujer.
Estaba anocheciendo cuando llegó a su hogar y comenzaron los reproches de su mujer. Cansado se fue a dormir al sillón para no soportarla.
Al día siguiente, anunciaron en todos los pueblos que los hombres fuertes eran requeridos por Ulises para invadir Troya en nombre del príncipe Menelao de Esparta. Sin dudarlo, Bamban se dirigió hacia Ítaca City para postularse y esa misma tarde partió hacia territorio desconocido.
Al llegar, junto a toda la tropa de Ulises, a las costas de Esparta, debieron esperar varios meses hasta que el viento los favoreciera. Pero ese ya es otro tema.
Yendo al grano. Una vez en viaje, junto a todos esos hombres horribles, Bamban comenzó a replantearse si había hecho lo correcto; pero recordó los gritos de su mujer e indudablemente prefería ésto.
Bamban navegaba en el barco de un tal Aquiles; nunca había oído hablar de él y sólo una vez se lo cruzó en cubierta. Era un tipo rudo y algo egocéntrico, pero tenía una debilidad: por alguna razón no quería que nada se le acercara a su pie. Si veía un bache en el piso, inmediatamente lo mandaba a rodear de banderines rojos. Y lo más raro aún, es que estaba todo el día acariciándose el tobillo y diciendo en voz baja: “mi tesoro, mi tesoro”. ¡Ah! No. Esa es otra historia, perdón. El caso es que este tal Aquiles amaba mucho a sus pies.
Se acercaban a Troya y todos se preparaban para atacar. Bamban no entendía porque tanto alboroto y por ahí llegó a oír que era porque el hijo no reconocido del Rey Priamo le había robado la mina al príncipe Menelao. – ¡Que estupidez! Yo daría todo porque se roben a la mía y hasta guita en cima les daría- .
No habían pisado tierra cuando comenzaron a llover flechas de fuego lanzadas por los arqueros troyanos. Bamban agarró su escudo, se lanzó al mar y nadó hacía la costa donde la lucha estaba a flor de piel. Él nunca había sostenido una espada en sus manos y, sin embargo, en ese momento se sentía Dios, decidiendo quién vivía y quién no. Hería a diestra y siniestra, sin sentir culpa alguna. Los gritos agonizantes no lo perturbaban, mucho menos las aguas teñidas de rojo. En toda la excitación que sentía el ahora extraño pastor, un escalofríos le recorrió por todo el cuerpo. El filo de la lanza de uno de sus caídos le rajó la pierna en toda su extensión y cayó tendido sobre la arena; aturdido por los gritos y el tronar de las espadas, se desmayó.
Al despertar, se encontraba en una choza muy bien decorada. Se levantó de la confortable cama y buscó la salida pero lo obstaculizó una bella mujer que lo agarró del brazo y le dijo: - Todavía estás débil, tenés que comer algo- y lo obligó a volver a la cama. –Soy Victoria. Yo te recogí en la playa- le dijo. -¿Dónde estoy?- preguntó Bamban. – En Troya- respondió la mujer. El ahora nuevo Bamban seguramente la hubiese mandado al diablo, pero la hermosura de la mujer lo hipnotizó y lo dejó sin palabras.
Y pasando las horas y los días se fueron conociendo cada vez más. Día a día fueron compartiendo risas y enojos y el amor comenzó a fluir. Bamban se sentía pleno, era feliz, por fin sentía haber conseguido su Victoria.
No vamos a entrar en detalles amorosos. Más, si damos por sentado que en esta época no existía la televisión, ni Internet y que las formas de entretenimientos que se podían dar eran realmente pocas. El caso es que así, junto a Victoria, Bamban dejó pasar los años.
Diez años fueron los que pasaron cuando un día los oradores del Rey anunciaron que los griegos se daban por vencidos y se retiraban; y, a causa de las molestias ocasionadas, le rendían tributo al Dios Poseidón con un caballo de madera. Troya se alborotó ante la majestuosidad de tal escultura y, como era anuncio de mal augurio dejar a la intemperie un tributo para los Dioses, el rey mandó a que lo entraran.
Esa noche, cuando todos dormían, los griegos descendieron del interior del caballo y comenzaron a matar a cuanta posible amenaza podían. La guerra se trasladó al interior de las paredes de Troya. Invadieron, destruyeron, quemaron todo a su alrededor.
El constante griterío despertó a Bamban e inmediatamente agarró su lanza y se dirigió a pelear; pero esta vez, para defender a su amor, para que no le hicieran ningún daño. En ese instante irrumpieron en su choza, la furia de sus ojos era indescriptible. Tomó su lanza dispuesto a atacar cuando lo llamaron por su nombre; pero no era la voz de su amada Victoria, era una ruda de un soldado griego que lo reconoció. Y, en medio del fuego y los gritos dolientes se dijeron los dos juntos: -“¡Estás igual!”- y rieron. En pocas palabras se contaron los pormenores por los que pasaron en estos últimos diez años y el soldado le propuso regresar, que ya era la hora, que ya todo había terminado. Bamban miró a los ojos de Victoria, no la podía dejar.
Le planteó que volviera con el y ella aceptó con miedo, dado que sabía que Bamban era casado y que en Ítaca lo esperaba su mujer y su hijo; “pero el amor es más fuerte” y, después de todo, en Troya ya no había nada, todo se había convertido en cenizas.
Volvieron en el mismo barco en el que partió, en el de Aquiles, pero él no estaba a bordo. Por ahí llegó a escuchar que se había vuelto loco al ver que una araña le subía por el pie; pero otra, un poco más creíble, decía que murió peleando. Bamban y Victoria no quisieron volver con Ulises porque era sabido que éste era medio despistado y seguramente se iba a perder.
En fin, resumiendo todos los percances del viaje, vamos con lo que nos interesa.
Al llegar a su pueblo con La “Victoria” todos se asombraron, lo creían muerto. Hubo un gran alboroto por la novedad y todos le recriminaban el haber dejado a su pobre mujer sola con los hijos. Decían: - ¡Claro! Se cansó de la Manuela y se fue a buscar otra por ahí-.
Al encontrarse frente a frente con su mujer, ésta le presentó a su hijo, que ya tenía 10 años. Y éste niño le presentó a sus hermanitos menores. Bamban, sorprendido, no entendía nada y exigía una explicación, mientras lo único que escuchaba, eran los reclamos de Manuela que le reprochaba, no sólo el haberla dejado sola con un hijo, sino también, todos esos hijos que tuvo mientras él no estaba.
- ¡Es injusto!- gritaba Bamban. – Yo volví con la “Victoria” y no pienso hacerme cargo de los hijos que no son míos. ¡Quiero el divorcio!- le dijo a Manuela. Y ésta, ni tonta ni perezosa, se lo aceptó. Pero con la condición de que en la separación de bienes ella se quedara con la casa, la carreta y con una mensualidad hasta que el chico cumpla los 18 años más los 10 años que no estuvo con retroactividad.
Bamban, indignado por la reacción de quienes eran sus amigos, agarró a Victoria y se fueron a vivir cerca de aquella gruta donde comenzó todo.
Y para terminar; vivieron felices y comieron perdices, pero como estaban horribles llamaron al delivery para que les trajera unas pizzas.

THE END

Digo… ¡EL FIN!

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